La primera vez que el público vio a Hedy Lamarr en el celuloide, estaba corriendo desnuda por un campo. La segunda vez , estaba en medio de un orgasmo .

La siguiente vez que apareció  -más de cinco años después- tenía un nuevo nombre, un nuevo idioma y una nueva imagen, pero el efecto era el mismo: sólo con verla bastaba para extasiar a Hollywood y al público de toda América.

     
Es cierto que Lamarr no era una gran actriz. Su mayor baza era el glamour exótico, sus ojos saltones y su boca que parecía una amapola en plena floración.

Podría haber sido un genio o, al menos, una mujer de negocios muy inteligente, una gran matemática ya que fue responsable de la tecnología celular tal y como la conocemos hoy.

Permitirme repetirlo: Hedy Lamarr, posiblemente la estrella más con más Glamour de principios del siglo XX, también ayudó a inventar el teléfono móvil y la conexión WiFi.


La contradicción entre Hedy Lamarr objeto sexual y Hedy Lamarr dama inventora fue demasiado difícil de conciliar para la prensa. No fue hasta después de su muerte -y de décadas de tropiezos y humillaciones de diversa índole y gravedad- cuando su imagen empezó a cambiar, pasando de estrella escandalosa y desaliñada a célebre científica .

Hoy en día, se la considera una especie de icono feminista, con su imagen empleada como medio para animar a las jóvenes a dedicarse a la ciencia, y con todo tipo de premios, celebraciones y simposios celebrados en su nombre.

Con su pelo negro como el carbón, su piel blanca como la porcelana y sus ojos claros de color verde grisáceo, su madre la llamaba «Blancanieves». Era una niña testaruda y obstinada; como declaró más tarde a una revista de fans:

«Solía golpear la cabeza contra las paredes de piedra y me hacía daño. Pero era bueno para mí. Aprendí.

Es mejor darse esos golpes de joven».

Pero los golpes no cesaron: antes de su debut, el padre de Lamarr enfermó; cuando murió, dejó a la familia en las profundidades de la crisis financiera austriaca, con sólo una parte de su fortuna. Hedy reinvirtió algo de dinero en acciones, pero todo se fue a la mierda. 

Lamarr, con su típica franqueza, dijo una vez que :                                                             

 «cualquier chica puede ser glamourosa. Todo lo que tiene que hacer es quedarse quieta y parecer estúpida».

 

 

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